GRELINA (HORMONA)

Usan el cerebro para domar al estomago

Un ensayo publicado sugiere que algunas personas podrían comer en exceso debido a que sus cerebros simplemente no obtienen mucho placer de la comida

Numerosas investigaciones están disipando cualquier duda de que, al comer, nuestros cerebros son tan importantes como nuestros estómagos.
Considere, por ejemplo, un estudio publicado este verano que encontró que la grelina, una hormona segregada cuando el estómago está vacío y "gruñendo", podría ayudar a prevenir la depresión.

Investigadores observaron que ratones poco alimentados con niveles más altos de la hormona mostraron menos signos de depresión y ansiedad que los bien alimentados, nadaban más tiempo al encontrarse en el agua y parecían más entusiasmados al encontrarse en un laberinto.

Un ensayo publicado el mes pasado en la revista Science sugiere que algunas personas podrían comer en exceso debido a que sus cerebros simplemente no obtienen mucho placer de la comida --una malteada de chocolate, para ser específicos--, así que siguen comiendo en un esfuerzo por sentirse satisfechas.

Y un estudio publicado la semana pasada en la revista Journal of Neuroscience determinó que cuando una madre ratona comía una dieta rica en grasas, los cerebros de sus hijos contenían neuronas que producían moléculas que estimulaban su apetito.

Usando técnicas que van de la genética a los escaneos cerebrales, científicos están esclareciendo lo que sucede dentro del cerebro mientras comemos. Sus objetivos van desde crear mejores sustitutos de la grasa hasta entender la esencia del sabor.

"Lo que está cambiando con toda la nueva investigación biomédica es que ahora reconocemos la importancia del sistema de avisos en el tracto gastrointestinal, en el cerebro", señaló Richard Mattes, profesor de nutrición de la Universidad Purdue.

Gran parte de este trabajo es impulsado por un interés en la ciencia pura, pero la investigación sobre alimentos nunca está lejos de una aplicación práctica. Combatir la obesidad es una de esas aplicaciones.

"¿De qué forma las cosas que ponemos en nuestras bocas modifican todos estos sistemas hormonales que regulan el metabolismo? Si podemos empezar a entender éstos, podemos empezar a entender cómo modificar los ingredientes de lo que comemos o bebemos para sacar provecho de la fisiología básica de forma tal que no produzca obesidad", indicó Charles Wysocki, neurocientífico conductista del Centro de Ciencias Químicas Monell.

"Los procesos cerebrales vinculados con el gusto por cierta comida parecen tomar en cuenta lo que pasa en el cuerpo, además de en la boca", indicó el escritor Ivan E. de Araujo, neurobiólogo del Laboratorio John B. Pierce, un instituto de investigaciones independiente afiliado a la Universidad de Yale.

"Existe un creciente interés respecto de cómo los sabores y los gustos afectan el cerebro, porque es el cerebro el que controla todo ", indicó De Araujo. "Si queremos entender anormalidades como la obesidad y la anorexia, debemos entender qué prácticas del cerebro están funcionando mal". (Traducción: Gregorio Narváez).